viernes, 11 de marzo de 2011

El Precio…

El Precio…
Le pudieron las miradas, las agujas invisibles
La dureza del diamante, bruto escondido
Tiras de cuero portan sus bellos pies, doloridos
Una guadaña de plata para su cuello pidió
Viajó al interior de su voluntad, endogámica
No pudo encontrar respuestas a sus errores
Los adivinos, sapientes señores de reala congénita,
Vaticinaron, como era costumbre, su caída
Al igual que la de tantos otros, valientes inconscientes
Valerosos enfrentados a la falacia, de sus raídas túnicas
Hilvanadas con hilo de huesos extirpados a sus víctimas.
Un demente observó: No rebatir a los ignaros amos
Mas no por su sapiencia, sino por sus blanquecinas negaciones.

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