viernes, 30 de mayo de 2014

Aquel Otro Tiempo Dorado… (y IV).

Aquel Otro Tiempo Dorado… (y IV).

Neuralgias de testa endiablada
Tallan tu alma rubicunda y carenada
Bajo el velo rojizo del cielo
Alimañas cercenan el ocaso de la tarde.

Ni si quiera en el infinito sabremos
Del desenlace de tus miedos
Apacentando en las mesetas agrestes
Cuan montaraz damisela que espera paciente.
Hay cuerpos desparramados en la arena
Y salitre en los rostros
Suena la plata cliquear sobre el marmoleo suelo
Mientras los vientres sacian la gula de su ponzoña.
Marcha, no te detengas
Síncope pido en mi garganta
Arremolinando tu bella efigie, recortada en sombras
Hundiendo el gélido acero en su costado fiel.
No son aquellos los que lapidaron al ladrón
Ni siquiera los que clamaron venganza
Acaso tenían sus manos límpidas
Apenas pueden levantar sus fauces al cielo
Sin morir en el lamento de sus cargas
Dejan pasar el río, dejan escabullir su ruido
Con la mirada perdida de quien se ahoga en hiel.

Imagen: Alkan.
©Santiago Pablo Romero. El Último Viaje De Zaratustra.



martes, 13 de mayo de 2014

Aquel Otro Tiempo Dorado… (III)

Aquel Otro Tiempo Dorado… (III)

Es madera vieja y árboles caídos
Riqueza ríe, del esquivo abrazo de latón
Plata cenicienta, vello erguido en el piélago
Aquiescencia fortuita sin mesura.
Hierven las alacenas de soledad
Y tú lacrimal adolorido, te achicas
Con el estupor de una mano temblorosa

Hallando espacios, distancias que trepan
En la escorada noche, traicionera, cómplice.
He visto a los niños, sucios de lodo,
Mirarme con su inocente sonrisa, a mi paso
Lastimando mi porte de nívea pulcritud
Desnudo he sentido caer el alma a sus pies
Pretéritos anómalos esbozan su dictado
Pastiches de prójimos fatuos, de rojo satén.
El hálito es justo, las garzas duermen
La gramola se pierde, es arroz humedecido
Sube la linterna, sube sobre la inmensidad
Describiendo un adiós de tiempo dorado
Asimétrico en las grafías, las runas se soslayan
Y de manos vacuas, ninguna cuenta, ambicionan.

Imagen: Alkan.

©Santiago Pablo Romero. El Último Viaje De Zaratustra.

martes, 15 de abril de 2014

Aquel Otro Tiempo Dorado… (II)

Aquel Otro Tiempo Dorado… (II)

El yerro de unas agujas abiertas
Sesgaron una salida airosa al nuevo boato.
Vagonetas volcadas y puntas sesgadas
Cubren el terraplén de pétrea enjundia
Y sus fauces se agrietan al paso
De un llanto incondicional y roto
Apretando los dientes se escapa por el resquicio.

Dura es la presteza en el viento
Cuando roza tu cara descubierta, hiriendo
Rehuyendo unos dedos acusadores
Entre los transeúntes que vuelven su mirada
A tu espalda, e hincan su condición majestuosa
De ignaros en conciencia, yerguen el acero
Escupen en tu rostro de cristal
Aventando los desaires del perdedor solícito.
Hora es de suplir altivos esquiroles de prebendas
Y saldar cuentas, regocijarnos con el pasado
Ese tintar roturado en la tierra reseca
Con breviarios de sombras y luces, de delaciones
Precipitando al lodo al inocente,
Sean plenas las voces en el ágora, clamen
Virtudes de un asueto atormentado, vanagloria
De un clarividente tiempo dorado, que resplandece
Bajo el equinoccio de una luna fervorosa.
Imagen: Alkan.

©Santiago Pablo Romero. El Último Viaje De Zaratustra.

jueves, 6 de marzo de 2014

Aquel Otro Tiempo Dorado… (I)

Aquel Otro Tiempo Dorado… (I)

La migraña ha inundado sus sienes
Y el aleteo preña el silencio con su ventisca.
Se vacían las cuencas en afluentes de expiación

En apenas un instante, torpedea al hombre
Arranca sus entrañas, siembra la orfandad
A la hermandad del Orate servil, insólito.
Con una mano alzada, ambarinos sus dedos
Escribe en nuestras conciencias un hasta luego
De veras cincelado con templanza, fruslería
Apacigua el pletórico grito arrancado al mar.
Yacen cuerpos en la arena, y rompen las olas
Sin abruptos, sino artificiales alambres afilados
Quebranto de sueños esparcidos sin existencia
Macerando mentes dignas de transitar la hiel.
Así rayaron las gavinas, playas de nívea sílice
Mortaja sin lino, ni boca llena, sino bríos idos.

Imagen: Alkan.
©Santiago Pablo Romero. El Último Viaje De Zaratustra.